RICCA, Valentina / Clase 11
1 de Noviembre de 2024
Muchas veces tengo recaídas emocionales, no entiendo si yo soy la que direcciona el avión (mi vida), o si inconscientemente permito que ciertos pasajeros me tomen la cabina. Por eso desde la primera clase que comenzamos con este viaje heurístico, me incomoda la pregunta sobre ¿quién soy?, ya que la influencia está a la vuelta de la esquina.
¿Realmente todo lo que fui eligiendo lo hice con completa conciencia? ¿Soy capaz de detectar quiénes o qué cosas tienen influencia sobre mi vida? ¿Me atrevo a hacerles frente si esas influencias las veo como obstáculos?
Como bien se expresa en la canción de Seru Giran (Desarma y Sangra), “no existe una escuela que enseñe a vivir”, nadie te enseña a negociar en este gran juego social en el que estamos inmersos. Justamente, en términos laborales siento que es complejo el lugar que debemos ocupar como diseñadores.
En general quienes se presentan como comitentes, tienen una idea muy sesgada sobre lo que implica el diseño, me atrevo a decir, que consideran el acto de diseñar como algo meramente estético, que se diluye en el tiempo, que es rápido, fácil o en todo caso que debe resolverse sin discusión alguna.
¿Por qué como diseñadores debemos atajar estos prejuicios? ¿En qué momento nos acostumbramos a dejar que el cliente hable sin saber? ¿A qué le tenemos miedo? ¿Nosotros mismos sabemos valorar nuestro trabajo?
Aquí es donde me veo desdibujada, puesto que no suelo imponerme demasiado a mis comitentes, porque tampoco encuentro los recursos necesarios con los cuales protegerme. A la vez resulta agotador tener que estar constantemente pre-anunciando qué papel tengo como diseñadora. ¿Hay que explicar todo? ¿Por qué siempre las preguntas incómodas tienen que estar hacia nuestra vereda? ¿Por qué la figura del cliente se presume como vencedora? ¿Existe el diálogo en estos casos?
Por supuesto que en mis preguntas ya resuena mi tipo de enfoque en la temática, sinceramente preferiría no tener que exponerme, me incomoda tener que defender mi lugar, tener que defender lo que valgo como profesional. Este sentir no proviene solamente de tener una personalidad, quizás más vergonzosa, sino que también radica en considerar el diseño gráfico no como una disciplina y menos que menos, como una profesión. Concepción altamente estandarizada y con la cual hay que luchar en cada pieza que uno diseña.
Es así, que no solo es importante cumplir con los requisitos de pedidos que el comitente o cliente te solicita, sino que además es necesario asumir el compromiso de respetarte como diseñador. Nunca deberíamos dejarnos manipular, aunque la cifra del rédito económico nos persuada, ya que antes que diseñadores, somos personas. ¿De dónde aprendimos que siempre hay que decir que sí? ¿Quien o quienes nos aprisionan? ¿Por qué debemos vendernos como diseñadores multitasking?
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