Cambiaso, Ezequiel - Clase 12
Esta clase fue mi clase favorita. La incitación al pensamiento rítmico-musical que me propuso la dinámica de cerrar los ojos, escuchar musica y pensar fue realmente única dentro de mi recorrido académico en la facultad. La idea de correr los pensamientos para dar lugar resonó mucho en mí. Estoy en un momento de la vida personal en donde tengo muchos pensamientos intrusos que me distraen de lo creativo. Que el profesor me guíe a dejarlos pasar para permitirle espacio a los nuevos, de alguna manera, me cobijo. Fue como que me dieran una palmada en la espalda y me dijeran “vos seguí que vas bien”. Y creo que es un poco lo que necesitaba en ese momento. Más allá de estas sensibilidades personales, lo que me impactó fue la rapidez con la cual la música me dirigió a ciertos lugares, a ciertas imágenes. Me hizo entender lo visuales que son mis pensamientos. Sobretodo al poner en común con mis compañerxs. La mayoría construían desde un lugar más reflexivo sobre la propia experiencia, o desde un pensar más racional, si se quiere. Lo mío tenía algo de esto, pero a posteriori. Lo primero siempre fueron las imágenes. Y después el sentido racional de las mismas, si es que lo hubiera. Me resulta muy cercana esta forma del hacer creativo. Primero, lo instintivo, lo sensible, que aparece al escuchar determinada conjunción de frecuencias y ritmos, y cómo interpretan mi cuerpo y mi mente estas combinaciones. Es inmediato. Determinada armonía me perturba, me relaja, me aterra, me contiene, me incomoda, de manera muy veloz. Y no tengo que pensarlo. Cuando pienso, lo que se me vienen son imágenes. Como si esta primera sensación fundamental al sucumbir frente a la música, encontrara su forma de materializarse en mi cerebro en formas de las más variadas. Con una música vi mis pies en la arena, hundiéndose cada vez que pasaba una ola. Con otra, un sabueso gigante persiguiéndome por un pasillo oscuro. En el primer caso, la música recuerdo que me relajo, me bajo 5 cambios. En el segundo, me perturbo, me dió miedo. Creo que jamás en mi vida había visto a ese sabueso, ni lo había imaginado. Creo que ahí radica la fuerza del pensamiento rítmico-musical. Ofrece un nivel de particularidad subjetiva que simplemente no me sucede sin dejarme llevar por las resonancias que la música me provoca. ¿Por qué será que no logro ese nivel de particularidad sin la utilización de la música como fuente? ¿Podría incitar determinadas sensaciones utilizando la música? Es decir, si me hallo buscando generar imágenes de determinado estado de ánimo, ¿podría impulsarlas, sugestionarlas, a través de escuchar música que creo que me llevaría a ese estado? ¿O es incontrolable, y depende de mi estado al momento de escuchar?
Como lugar en la facultad, elegí las escaleras de emergencia, porque sabía que allí no habría gente y podría conectar en soledad. Realicé el ejercicio de pensamiento dos veces. La primera con los ojos cerrados, y la segunda con los ojos abiertos. Lo que me llamó más la atención fue que la segunda, al ver polvo en el piso, mi mente empezó a conectar. Polvo - manos de atleta - obra en construcción - polvo blanco - blanco - hospital - ambo - mi papá internado. Y ahí me detuve. Reconocí este hilo de pensamiento de manera muy clara. Se me presentó como un montaje de imágenes conectadas solamente por el blanco. Me gustó ver como lo personal halla su manera de inmiscuirse en los pensamientos, aún cuando se halla lejos de lo que se está pensando. Polvo en el piso - papá internado. Kilómetros de distancia. Hay cierta poesía en ello. Vuelve a suceder lo particular. Si tuviese que hacer algo relacionado a esa experiencia con mi padre, probablemente utilizaría este recurso. Quizás una analogía entre el polvo volando en partículas y la mente de él hecha polvo. Polvo acumulado en el piso, él quieto acostado. No lo sé. ¿Podría ser que estas relaciones subjetivas, particulares, doten de una profundidad inexplicable una obra? ¿Qué sucede con el espectador que ve estas relaciones? Me atrevo a inferir que en algunos casos, el otro puede sentirse exluido del juego relacional personal. Pero también, quien ingrese en ese universo lúdico, puede resonar a niveles superlativos.
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