POKORSKI, Mijal - Clase 12
Escribir sin pensar, cerrar los ojos, escuchar música en un espacio en común. Meditar. Hay algo poderoso en dejarse llevar por las ondas sonoras que flotan en el aire, en permitirse sentir cómo la música atraviesa cada pensamiento y modifica el ritmo de la respiración. La música, especialmente la que acompaña la meditación, me generó sensaciones profundas y contrastantes: por momentos una calma en donde parece que el tiempo se rompe o se detiene, y en otros, una inquietud o ansiedad que invita a la introspección más cruda.
Ese viernes, cuando salía a cursar Heurística, no sabía cómo sería, me sorprendió la dinámica del taller. La clase siempre traía consigo un aire de descubrimiento, una sensación de romper la cotidianidad. Desde el principio, la reflexión en este espacio me interpela; no era solo un ejercicio intelectual; era como un viaje hacia adentro, una forma de enfrentarme a mí misma y a mis ideas. En un mundo donde todo se mueve rápido, donde el ruido constante parece imponerse sobre el silencio, hacer una pausa se volvió (y se vuelve) importante.
El acto de escuchar música y meditar, escribir sin pensar, me llevó a darme cuenta de la importancia de desconectarse por un momento del ruido del día a día, lo mecánico, lo rutinario. Mientras la música llenaba el aula, la energía cambió de un momento a otro. Todxs nos enfocamos en el interior y en un mismo taller dónde quizás a veces el ruido acopla, entramos en un estado de sintonía, donde las ideas comenzaban a fluir con una claridad diferente, más genuina. La música no solo era un catalizador de emociones, sino un puente hacia un nivel de creatividad.
En estos momentos, me sigo preguntando la significancia de los distintos proyectos y su relación con el mundo. Me di cuenta de que la música, ese acompañamiento sutil pero poderoso, tiene un papel crucial en mi proceso de pensamiento. Permite que las ideas se asienten y que surjan otras nuevas. Como estudiantes, esta práctica de meditación y escucha activa nos daba la oportunidad de replantearnos la manera en que abordamos nuestros proyectos, de considerar al otro y del contexto en el que estamos hoy.
La sensación de salir de lo convencional, de pausar para escuchar, me hace pensar que la creatividad no solo surge del esfuerzo continuo y deliberado, sino también de dar valor al descanso, al espacio entre ideas.
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