POKORSKI, Mijal - Clase 11
necesidad, demanda, deseo
La relación entre necesidad, demanda y deseo en el diseño es compleja e importante para entender su impacto. Como grupo, las preguntas que planteamos fueron
(1) ¿Soy un diseñador estético o comunico con un propósito para el receptor?
(2)La digitalización de un diseño es una necesidad o un satisfactor? Ambas hojas (y preguntas) fueron intervenidas por el grupo 19 y 20.
De alguna manera, el diseño, la creación y el proceso responden a necesidades prácticas y su función va más allá de lo práctico: es una forma de comunicar, una manifestación de valores y un reflejo de la sociedad. En el día a día, necesidad, demanda y deseo pueden entrelazarse o diferenciarse según el contexto y el objetivo. Hay un balance entre lo que queremos crear y las necesidades de la sociedad.
El proceso de compartir preguntas con otros grupos y reformularlas fue interesante. Pude darme cuenta de que en el diseño y el proceso creativo todos estamos en constante descubrimiento. Ese viernes primero de noviembre al ir a diferentes grupos, cada uno abordaba la pregunta desde distintas perspectivas. Hablando y debatiendo las preguntas en cada grupo, llegué a la conclusión de que quizás el diseño puede satisfacer necesidades inmediatas como también ofrecer una experiencia estética y emocional, incluso si no es algo que se demande explícitamente. Personalmente creo que en el día a día nos comunicamos todo el tiempo sea a través de las redes en lo digital o componiendo/organizando proyectos. Tanto en el diseño de prendas como en el audiovisual, lo urbano o en el diseño de un objeto, se expresan decisiones y significados que impactan en quienes nos rodean. Nuestras preguntas llevaron a pensar en la inmediatez y repercusión de lo que hacemos, especialmente en la era digital, donde el flujo de información es constante y a veces abrumador. Me cuestiono hasta qué punto este ritmo afecta al diseño y cómo podemos evitar caer en la sobreestimulación y mantener una conexión genuina con el contenido que realizamos.
Tal vez, la clave está en encontrar un sentido que no solo funcione en el aspecto técnico o funcional, sino que también tenga valor para nosotros y, en el mejor de los casos, para quienes lo ven: amigos, familia, o clientes en el ámbito profesional. Como diseñadores, creo que tenemos que ser capaces de identificar cuándo una solución responde a una demanda o cuándo hay un deseo que podría agregar otro valor que le aporte lo humano, reflexivo que se puede compartir colectivamente.
Para cerrar, vuelvo a la idea de si necesitamos del diseño y creo que sí. Su capacidad para abrir nuevas posibilidades y conectar con lo que nos rodea es clave y nos invita a cuestionar el “qué” y el “por qué” de lo que hacemos. En esa búsqueda, construimos respuestas que nos hablan tanto de nuestras necesidades como de nuestros deseos, permitiéndonos dar forma a un mundo donde el sentido y la comunicación se vuelven experiencias compartidas.
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