Cambiaso, Ezequiel - Clase 11
La pregunta
¿Cuál es mi pregunta? Buena pregunta. ¿Cuál creo yo que es mi pregunta? Mejor. ¿Cuál cree el otro que sería mi pregunta? Bueno. ¿Qué pregunta puedo hacerme sin saber la respuesta? Y a la vez, ¿cuán certera es mi respuesta? ¿Cuán seguro estoy de esa respuesta y cómo saber si es real o es sólo mi percepción de ello? A fines prácticos, la respuesta será la que tenga aquí y ahora, y entiendo la vida (y por supuesto, el diseño y los momentos de un diseñador en su quehacer) como algo elástico. Algo elástico porque no se rompe (al menos en mi caso), sino que se estira/encoge, se moldea, va variando su forma pero sin perder lo que trae previamente. En este aspecto, puede haber momentos de mayor o menor resonancia con tal o cual cosa, pero también habrá cosas con las cuales uno siempre resuena. Por ejemplo, la música. Hay bandas que aparecen en algún momento, tienen su instante de hacernos bien, resonamos intensamente, y luego se van. Nos acompañan en un momento específico, pero no permanecen. Pueden volver a aparecer, pero no son permanentes. No siempre nos llenan de emoción, excitación, fascinación. Por el otro lado, hay determinadas canciones, discos, artistas, donde uno siempre encuentra algo especial, algo que lo conecta, que le remueve los adentros. Quizás modificado por el propio paso del tiempo, o quizás simplemente un retorno a casa. Ninguno es más importante que otro. Son diferentes experiencias. Una de mayor intensidad, y otra de longevidad, permanencia. En el diseñador, estas cuestiones las creo valiosas para la hora de crear. Creo que lo longevo -que nos sirve de referente permanente- halla su forma de fundirse en nuestra obra, sin pensarlo, sin buscarlo. Y lo momentáneo, lo efímero pero de fuerte intensidad, se nos traspasa mucho más, y muchas veces hay que detenerlo. Esto último es como tener una melodía pegada, y sentarse a componer una canción. Muy difícil que no nos salga algo parecido a esa melodía. Creo que más allá de intentar formatear el cerebro para hacer lo propio, lo personal, estas melodías se embeben en lo que hacemos, y no está mal. La evidencia de esto está en mirar nuestra propia obra, dejando pasar tiempo. Allí reconocemos “en cual andábamos” en ese momento. Es algo que sobretodo podemos reconocer nosotros mismos. El otro quizás vea nuestra impronta más allá de lo traído de afuera, pero nosotros, que ya sabemos de lo interior, reconocemos fácilmente lo intruso, externo, pasajero. Esto me remonta a la primera pregunta hecha por la cátedra: “¿Viajero o turista?”. Creo que hay melodías que nos acompañan siempre en nuestro viaje, y hay otras que pasan como compañías momentáneas, que pueden dejar su marca, o no, dependiendo el nivel de resonancia que generen en nosotros.
Esta reflexión me resulta interesante para pensar en mis procesos creativos más artísticos. Pero, ¿qué pasa en lo laboral? ¿Cómo me apropio de algo externo, con pautas ya establecidas, con márgenes, con límites? ¿Cómo hago para resonar con algo que no me es inherentemente sustancial? Conectar con lo que hago, ¿es algo que pueda dirigir, encauzar, sugestionar, impulsar? Lo que percibo en mi vida profesional es la búsqueda de un equilibrio entre el goce artístico, con sentires y revelaciones, y el trabajo cuasi-alienado de servirle a un otro de manera técnica. En el primer estado, el magnetismo entre la obra y yo es total. Así es que los aciertos y los errores se sienten mucho, me atraviesan. Se torna algo personal, no solo me afecta como diseñador sino como persona que busca su lugar en el mundo. En contraposición, el trabajo técnico, filmando y editando materiales para un otro, que por lo general busca vender algo, lo realizo con una frialdad agotadora. Por momentos, creo que me hallo fuera de mí, repitiendo patrones que “funcionan” (estructuras audiovisuales modélicas podríamos decir) a cambio de dinero. Ojo, intento encontrar disfrute y entretenimiento realizando estas piezas, buscándole siempre alguna cosita especial que las diferencie del manual. Pero lo que es cierto es que no me atraviesan ni un poco. No me duele tanto que algo salga mal, ni me regocija una buena toma. El rango dinámico emocional de las situaciones es muy diferente. Rango Dinámico Emocional
Tras las reflexiones hechas, me surge esta pregunta extendida:
¿Existe el equilibrio entre el goce artístico y el trabajo técnico cuasi-alienado? ¿Cómo hago para resonar en ambos frentes y así alcanzar un flujo de sensibilidad más estable que me permita un rango dinámico emocional de mayor estabilidad, sin perder lo lindo del vaivén sensible? ¿Por qué busco este equilibrio? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a negociar para alcanzarlo? ¿Cuál es este equilibrio para mí? ¿Cuán elástico es este equilibrio? ¿Cuánto puedo estirarlo sin que se rompa?
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