CAMBIASO, EZEQUIEL - CLASE 6
Por momentos, no estoy seguro si existo
¿Cómo pienso? Pienso que pienso de diferentes maneras a medida que avanzo en el proceso creativo en el cual me encuentre. Y digo pienso que pienso porque siempre desconfío de cómo me veo yo a mí mismo, en contraposición a como me ve el otro.
En un primer momento, en el momento embrionario de cada proyecto, en el enamoramiento inicial, siempre busco (o encuentro) algo en el plano del pensar concreto. Lo que me mueve, conmueve y entusiasma, generalmente es particular e inexplicable. Con mis compañeros habituales de trabajo lo nombramos como “CAPRICHO”. Siempre tiene un sentido, pero contiene también algo que me mueve, algo que me da ganas de hacer, algo a lo cual le busco la justificación a posteriori. A veces puede ser una imagen, a veces un movimiento de cámara, a veces un sonido, un corte de montaje, una música. Me resulta esencial un primer momento de intuición, de conexión sensible con lo que sea que vaya a hacer, no desde un lado racional, sino de serle fiel al impulso que me sale natural al pensarlo. En esta instancia también se entremezcla el pensamiento rítmico-musical. Tanto de manera literal, como de manera estructurante. Soy músico, y al conocer sus “reglas”, siempre me es oportuno pensar el audiovisual desde ese lugar, para alcanzar nuevas sensaciones, y salir del manual. ¿De qué manual? ¿Hay uno solo? Vivimos en una época donde ya hay más "contra-manuales" que manuales. El rebelársele al manual, ¿no es acaso modélico ya? Todo este primer momento esta plagado de caprichos, de ideas de lo más descabelladas e imposibles, de sueños, de ideas muy malas, y sobretodo, de mucho entusiasmo y vitalidad. Pero ahora viene el problema.
La parte dos del proceso, el bajar a tierra. El “negociar con la realidad”, el leer el cuadernito al día siguiente y decir : “uy, ¿en cuál andaba? esto es malísimo”. Después de toda la primera vorágine viene el momento de chocarse contra la pared, y sufrir una breve desilusión. Digo breve porque con el tiempo aprendí a que cuando me sucede eso, es el momento del pensar técnico. Es el momento de sentarse y estructurar, darle forma a la ameba de ideas que hubo antes. Es el momento de dejar morir para poder dar forma. Eso conlleva dolor, pero también un goce de empezar a ver la cosa tomando forma, la cosa empezando a vivir. También empieza a jugar el pensamiento abstracto, las cosas que funcionan, las referencias, ciertas formulas que sirven para seguir estructurando. Y estructurar me da mucho placer, porque creo que soy una persona metódica, dentro de un universo artístico. Considero absolutamente esencial poder agarrar todo eso que quedó flotando en la primera instancia de pensamiento y ordenarlo, darle forma y sentido. Sin esta parte, la cosa, el proyecto, la creación, queda sola en un limbo olvidado.
Una vez que la forma ya fue pensada, analizada, definida, grabada, me reencuentro ahora con la proyección, el capricho inicial, pero ahora en una isla de edición, o en un programa de edición musical. Más allá de resolver problemas técnicos, es el momento donde vuelve a aflorar lo sensible. Creo que es muy importante estar a flor de piel en ese momento, donde un segundo más o un segundo menos de un plano puede cambiarlo todo. Y eso no creo que tenga que ver con algo técnico o racional. Yo pienso que se siente. ¿Dónde queda el pensamiento cuando prima el sentir, lo sensible? En esta instancia final, intento re-conectar con el germen inicial, con aquello que me movilizó. Y desde ahí re escribir, porque montar es una re escritura, ya no en un papel sino en una pantalla. Que la segunda guitarra este paneada 75% a la derecha o al medio, no tiene nada de pentagrama, sino más bien de encontrar donde es que está su lugar.
Voy a intentar contestarme algunas preguntas.
¿Cuándo tengo que pensar para un otro, cuanto de mi hay en lo que estoy pensando? Esto es algo que pienso mucho, y por momentos me genera conflicto. Es extremadamente dificil no sucumbir ante la presión de un otro, ante el que dirá ese otro. “Esto le va a gustar” es algo que sale mucho en estos casos. Hacer algo que a mi realmente no me moviliza, pero sé que al otro sí. Creo que en la mayoría de los casos trato de obtener cierto placer técnico, y no emocional. Me conformo con alguna perlita que haya podido dejar escondida en esa cosa pensada para un otro. Pero también creo que indefectiblemente siempre hay algo mío en lo que sea que haga, porque cada persona mira distinto, y yo, lo piense o no, miro como miro yo. ¿Será real esto último? ¿ O me lo digo para sentirme único?
¿Por qué me juzgo cuando pienso? Esto es algo que aborrezco, y con lo que lucho todo el tiempo. Sobretodo en el momento inicial, donde considero que debo abrazar todas las ideas. No me gusta cuando me cancelo un pensamiento porque es demasiado “cualquier adjetivo”. Me encantaría poder liberarme completamente de ese super yo, o como quiera llamarse, que siempre se halla ahí diciéndome “que estupidez lo que estás pensando”. Intento lucharlo y escribir las ideas igual, y juzgarlas luego. Eso fui aprendiendo con el tiempo. Igual me sigo juzgando...¿Hay forma de no hacerlo? ¿Es parte de mi proceso y forma de pensar auto-juzgarme constantemente?
¿En qué modos de pensar tengo más fuertes y en cuales tengo mas limitaciones? Una pregunta bastante mercantilista quizás, o de valoración sobre algo invaluable. Pero vamos a intentarlo. Creo que mis fuertes se hallan en lo concreto, lo musical, lo que está un poco corrido de lo racional. Me considero una persona extremadamente sensible, que todo el tiempo va absorbiendo emociones, sentimientos, incluso en situaciones cotidianas, o de los más efímeras. Eso genera que al pensar en algo, ineludiblemente apelo a esas emociones que tuve al enfrentarme a tal situación o tal cosa. Quizás sea sumamente particular, pero el día que me separé había una estatuita de un pingüino en la habitación. Probablemente si tengo que encauzar un proyecto que involucra una separación, algo con un pingüino suceda. Un capricho quizás, pero que luego le encontraré la razón de ser en el proyecto. Limitaciones tengo miles. Me cuesta mucho lo manual, lo espacial, lo abstracto, lo técnico. Básicamente el bajar a tierra. Lo hago, puedo hacerlo, pero conlleva mucho más esfuerzo, y a veces, padecimiento y frustración.
Si pienso y luego existo, a veces no estoy seguro de si existo. Porque, ¿cuándo pienso y cuándo siento? ¿Pienso sintiendo o siento pensando? ¿Todo junto, todo mezclado? Puede ser, quizás está bien así.

De volumen impecable, hubo un seguimientos en tu relato que facilitó la lectura e ir entendiendo lo que ibas plasmando. Me gustó la herramienta de intentar responderte preguntas. La palabra "intentar" te da la libertas de seguir dudando, de no tener la respuesta certera o relevante. Saliste del relato descriptivo, fuiste por un relato personal, en donde contás tu experiencia y visión.
ResponderEliminarMi nota es un NIVEL (N)