RICCA, Valentina / Clase 3
30 de Agosto de 2024
Fue una clase bastante tranquila. Todos teníamos la esperanza de que saliera el sol, pero rápidamente nos dimos cuenta de que eso era solo una ilusión. El cielo estaba completamente cubierto de nubes grises. En general, me gustan los días de lluvia. Suelen despertar en mí una sensación de nostalgia, y son la excusa perfecta para escuchar música en algún café de especialidad, como si el clima me invitara a relajarme y desconectar. Sin embargo, mi amor por los días lluviosos cambia cuando el viento está presente. El viento arruina todo, especialmente si tenés que caminar con paraguas. De hecho, sabía que mi paraguas probablemente no resistiría mucho bajo la fuerza del viento, pero al menos lo había llevado conmigo, lo que me dio algo de tranquilidad.
Dejando de lado el tema meteorológico, la clase empezó con menos integrantes de lo habitual. Éramos solo tres de mi grupo, lo cual, lejos de ser un problema, nos permitió charlar más en profundidad. Al ser pocos, fue más fácil abrirnos y conocernos mejor. Lo interesante fue que, aunque éramos de carreras diferentes, surgieron muchos puntos de vista similares, lo que me sorprendió bastante. En mi caso, resoné mucho con la reflexión sobre la tendencia a romantizar el esfuerzo extremo y poco saludable que muchos vivimos en la facultad. Pareciera que vivir por y para las entregas se ha convertido en algo casi natural, pero no necesariamente en algo positivo.
A veces, pareciera que estamos atrapados en un ciclo donde el éxito se mide por las horas que le dedicamos al trabajo, no tanto por el aprendizaje en sí o por disfrutar el proceso creativo. Fue reconfortante ver que no soy la única que siente esto. Claramente, todos compartimos esa sensación de que estamos quemándonos lentamente. Nos esforzamos hasta el agotamiento, y aunque sabemos que no es lo más sano, es como si fuera algo inevitable en este contexto académico. La facultad se convierte en un lugar donde se mide el sacrificio antes que la calidad de lo aprendido.
Otro tema que salió durante la conversación fue cómo la pandemia afectó nuestras experiencias en la facultad. Aunque ya estamos de vuelta en las aulas, es innegable que esos meses de clases virtuales dejaron una marca profunda en nuestra manera de aprender y de relacionarnos. A pesar de que disfrutamos la flexibilidad de estar en casa, sentimos que perdimos algo esencial. La interacción social y el desarrollo de habilidades prácticas quedaron en segundo plano, y eso afectó nuestra experiencia académica de una manera que todavía estamos procesando.
Lo que quedó claro es que la pandemia no solo transformó lo académico, sino también lo personal. Nos dejó a todos en una especie de incertidumbre, y, aunque hoy intentemos retomar la normalidad, hay cosas que nunca volverán a ser como antes. Al final de la charla, me di cuenta de que no estoy sola en sentir que esos años nos cambiaron a todos.
Narración casi poética. Argumenta con hechos lo planteado. Contextualiza una problemática bastante fuerte e interesante a un primer inicio. No se ve una forma de solucionar el problema. Pero a un nivel un poco más profundo, no se trata de resolver una ecuación, sino de plantear la problemática, no solo relacionándose con ésta, sino también en la búsqueda de éstos mismos, desde afuera, desde el otro, para así buscar un sentido de comunidad. Establece una base en la que plantea y crece un abordaje social.
ResponderEliminarNivel= N+