POKORSKI, Mijal - Clase 7
En la clase del viernes pasado, trabajamos sobre la idea de los problemas detonantes y se nos pidió plantear uno que nos impulsara a pensar y generar preguntas. Mientras mis compañeros compartían en voz alta sus problemas, me di cuenta de que el mío era diferente. A diferencia de los problemas personales o creativos que ellos exploraban, yo opté por una situación ficticia: un choque de autos. Esto me generó incomodidad porque, en lugar de escribir desde una perspectiva en primera persona, más introspectiva, trabajé desde la tercera persona. Mi problema detonante fue algo ajeno, y al reflexionar sobre ello, surgieron preguntas que no solo cuestionaban el ejercicio, sino también mi relación con el proceso de diseño y los problemas que enfrento en mi vida cotidiana.
El problema
principal que planteé fue el choque. A partir de esa situación surgieron varios
problemas secundarios. Las preguntas que se hacían eran: ¿Qué pasó antes? ¿Y
ahora qué hacemos? ¿Cuál es el número de patente? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo
pasó? Estas interrogantes descomponen el choque en momentos clave que van más
allá del evento físico. No solo se trata del impacto en sí, sino también de lo
que lo precede y lo que le sigue: decisiones, consecuencias y acciones
inmediatas.
De todas
estas preguntas, la que más me llamó la atención fue "¿Y ahora qué
hacemos?". Esta cuestión es central no solo en el contexto del choque,
sino también en mi proceso de diseño y en la vida cotidiana. Después de que
pasa algo —sea un choque real, un conflicto personal o un desafío en el
diseño— siempre surge la incertidumbre sobre qué hacer después. Este es, en
muchos sentidos, el verdadero problema: cómo reaccionamos ante lo inesperado,
cómo enfrentamos las consecuencias y cómo tomamos decisiones bajo presión.
Reflexionar sobre esto me permitió ver que, aunque mi problema detonante fue
ficticio, las preguntas que generó son personales y resonantes en mi vida.
Al comparar
esta situación ficticia con mi experiencia en la facultad, me di cuenta de que,
metafóricamente, experimenté muchos "choques". No
siempre tuvieron o tendrán una connotación negativa, sino que a veces son encuentros
inesperados con personas que impactan mi proceso creativo. De la misma manera
que un choque de autos implica una colisión y un cambio de dirección, estos
encuentros detonan nuevos proyectos y colaboraciones que no esperaba. A
veces, cuando más estancada me siento, es gracias a la intervención de otros
—compañeros, profesores o colaboradores— que encuentro una nueva dirección o
perspectiva. Estos "choques" metafóricos son esenciales para el
aprendizaje y crecimiento.
El sentido
de reflexionar sobre estas cuestiones tiene mucho que ver con cómo manejamos lo
inesperado y cómo nos relacionamos con los problemas que enfrentamos en nuestra
vida y trabajo. Sin darme cuenta, al escribir sobre un choque de autos, estaba
proyectando mis propias ansiedades sobre el futuro, la dirección de mis
proyectos y las decisiones en situaciones de incertidumbre. El choque se
convirtió en una metáfora de los momentos en que siento que las cosas no salen
como esperaba y debo ver como avanzar a partir de lo ocurrido.
El
ejercicio de descomponer el problema en palabras —como auto, impacto,
calma, recuperación— me ayudó a pensar en la naturaleza fragmentada de los
problemas. No siempre podemos ver un problema en su totalidad; podemos
vivenciarlo en partes caóticas y desconectadas entre sí. El ejercicio me hizo
comprender que los problemas, sean ficticios o reales, se construyen a partir
de momentos específicos que requieren una atención y análisis individual.
Descomponerlos nos permite encontrar soluciones más claras o, al menos,
comprender mejor qué es lo que está en juego.
En conclusión, reflexionar sobre estos aspectos me permitió conectar con una idea clave en el diseño: no es solo la búsqueda de soluciones, sino también el cuestionamiento de los problemas. Reflexionar sobre los problemas no es un acto pasivo, sino un proceso activo de entender las causas, consecuencias y posibles direcciones. En mi caso, reflexionar sobre el choque —tanto en términos literales como metafóricos— me ayudó a reconocer la importancia de esos momentos de impacto y cómo podemos aprender de ellos para seguir avanzando.

Profundiza bastante bien la problemática. No solo desde un punto individual, sino también exterioriza la problemática, búsqueda de una conclusión que llega a un cierre. Pacífico sin ser dictaminante. Asimismo, estructura bien la narración y separa y desarrolla los temas secundarios, así como argumenta el tema planteado con puntos claves para su desarrollo. Reflexiona sobre su problemática y la entrelaza con lo visto en clase.
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