MACHADO, Alejandro - Clase 5

Lo principal que se me atravesó por la mente en la clase pasada, fue tal vez una suerte de síndrome del impostor, pero no exactamente eso, tal vez lo sentí más como que estaba falseando algo, como si estuviera en una piel que no es mía, pero la verdad eso mismo no es algo solo de la clase pasada, si no un sentimiento que me ha acomplejado en mi recorrido por la FADU es como que estaba en un lugar que no me correspondía o no debería estar, pero creo que primero vale la pena preguntarme: 


¿Puede una persona que no hace tortas juzgar a los reposteros?


La clase pasada fui uno de los jueces, un rol que me hizo dudar de mi capacidad para evaluar de manera justa. En “Modelos” de Horacio Wainhaus, el autor expone cómo el modelo se entiende como una representación de la realidad construida a través de procesos de interpretación, donde, aunque incompleta, la representación busca captar la esencia de aquello que intenta retratar. Sin embargo, al no sentirme alineado con el "modelo FADU", evalué desde fuera, como si mi percepción estuviera nublada por un molde que no encajaba.


¿Existe un modelo de estudiante FADU? o siquiera ¿Qué significa ser un estudiante FADU?


Al empezar nuestra pasarela y ver a estos pintorescos y ciertamente muy reconocibles personajes, me llene tanto de risas,  recuerdos, prejuicios  y hasta molestias. Los modelos que se presentaron se asemejaban a lo que Wainhaus describe como “sistemas que permiten entender otros sistemas”, funcionando como espejos que proyectaban algunos de mis prejuicios y, a la vez, rasgos compartidos con otros estudiantes. De entre todos los personajes que modelaron durante la clase, he de admitir que me sentí identificado con varios, algo de mi conecto con esos modelos, tanto por lo positivo o por lo negativo.


Sin sentirme especialmente un modelo de estudiante de nuestra facultad si pude conectarme con algunas actitudes o narrativas de las figuras que iban pasando, actitudes o  situaciones que me han pasado a mi en lo personal, o incluso me llego a recordar a personajes que me he encontrado en mi camino por la facultad (tanto para bien como para mal).


Aunque admito que también muchos de mis prejuicios con los que es el “molde de un estudiante FADU” salieron a flote, esto tanto para bien como para mal, me gusto mucho saber que los prejuicios negativo o el estereotipo que tenía ya asentado en mi cabeza (que tengo que admitir que muchos de estos estereotipos nacen de malas experiencia o molestias con figuras de la vida real) no solo eran míos, no era yo exagerando o “haciéndome una película en mi cabeza”, si no que de verdad son prejuicios o estereotipos que otros estudiantes que los mismos estudiantes, que incluso mis propios compañeros de carrera, de facultad también piensan eso mismo. Saber que mis compañeros comparten estas percepciones me hizo sentir más parte de la comunidad estudiantil de la FADU, ya que, como explica Wainhaus, los modelos facilitan una “simplificación de visiones o contextos” que nos ofrece una identidad compartida. Ya sea como parodia graciosa o burlesca si tenemos unos estereotipos muy marcados, de los que reír, burlar o celebrar. Pero ahora nace otro complejo mío:


¿Yo podré ser un buen modelo de la FADU? 


Aunque como antes he mencionado ciertamente si sentí afinidad con algunas de las cualidades de los modelos que se presentaron, pero no se si me considero un estudiante modelo de la FADU. Un modelo bien se puede describir como una representación simple de una realidad (que puede perdurar o no el tiempo). Pero entonces si cuento con algunas de las características simples o básicas entonces si me convertiría en un modelo digno


¿Pero puede alguien como yo ser un modelo de la FADU?


Esto tiene que ver quizás con uno de  mis mayores complejos dentro de la facultad, y  es el hecho de que soy un extranjero, un inmigrante, ya por ese simple hecho yo mismo me tacho y  me exilio de la etiqueta de “estudiante modelo de la FADU”, no tengo ni la cultura, ni la historia, ni las raíces, ni la misma educación básica y media  que estudiante argentino si tendría. Sin embargo, Wainhaus menciona que un modelo no exige total autenticidad, sino que se presenta como una “forma lo suficientemente precisa” que permite demostrar una realidad compleja de manera accesible. Me pregunto entonces:


¿Soy el modelo de un modelo?


Si me baso solo en patrones a seguir, si, si  cumplo con las características de un modelo, tengo mis diferencias con “un modelo real” pero sigo ciertas reglas, es decir funcionará más como un molde, como si fuera el recipiente de una torta, un molde que delimita quizás una forma y tamaño, pero que me permite crecer y tener el gusto de postre que quiera, es decir es una relación (modelo-modelado) flexible y que puede ajustarse según las necesidades de cada quien. Cada sujeto se puede adaptar a los bordes que delimita un modelo.


¿Pero entonces soy un modelo o no?


La respuesta es tan sencilla como compleja y es que sí pero no. Se que puedo ser un modelo, pero no soy necesariamente “EL” modelo más normal o estereotípico, pero nadie en realidad lo es. El texto de Wainhaus propone que el concepto de modelo no es una representación rígida, sino un “molde flexible” que puede adaptarse a las necesidades y características de cada individuo. Un modelo es una herramienta, un guía, es mas como arquetipo con el cual conectar, que permite simplificar algunas visiones o contextos, pero en definitiva todos tenemos nuestro propio molde en el cual desarrollarnos.


Comentarios

  1. Amplias un concepto muy propio y hay una reflexión sobre los modelos en general con cuestionamientos. Super interesante el "no modelo", nadie realmente lo es. Está muy buena la conclusión, hay relaciones complejas del contenido de la materia.
    Nivel +

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