MACHADO, Alejandro - Clase 3
Mi recorrido por la universidad la verdad lo he sentido un poco raro. Siempre que pienso en ello lo imagino o mejor dicho lo relaciono con cómo se debe sentir que te caiga un rayo. Por que para empezar y en retrospectiva todo ha sido muy rápido. Empecé en el 2020 en plena pandemia, así que mis primeros pasos en FADU fueron virtuales, se que a muchos pudo no haberles gustado, pero la verdad a mi me gusto mucho, la modalidad virtual al menos para empezar, se me hizo mucho más llevadero. La idea de estar en un espacio completamente nuevo, sin las ataduras de lo físico, me hizo pensar en lo que el Manifiesto Dadaísta decía sobre la ruptura con las convenciones y la estética tradicional. En mi caso, ese primer año virtual fue una ruptura con lo esperado, una especie de caos ordenado que me permitió ver el valor de crear desde lo inesperado.
El impacto de empezar de nuevo en la universidad (tras muchas intentos fracasados) se sintió como una zona libre, un poco más relajado, como si tuviera un colchón debajo de la cuerda floja por la que estaba empezando a caminar. Así transcurrió todo el CBC, desde mi casa, alineándome a lo seguro y sintiéndome en una zona de confort. Todo hasta que empecé el primer año de la carrera. Fue entonces cuando tuve que cursar la materia de Proyecto Audiovisual, en la cátedra más libre y experimental de esa materia Esto me hizo romper mi zona de confort, y me ayudó bastante. Aquí, de hecho, es donde surge la primera frase de las que más me han interpelado en mi transcurso por la universidad: en uno de los trabajos prácticos, había un proyecto libre, una oportunidad de explorar sin limitaciones. Escuché la frase: “Siempre está bueno experimentar”, Esa frase se convirtió casi en mi lema a lo largo de la carrera, y me ayudó a ver el valor de probar e intentar cosas nuevas, aunque la ansiedad me invada. En vez de simplemente aferrarme a una idea, ahora me doy la libertad de explorar. Vale la pena probar cosas diferentes y ver dónde me llevan.
Luego, en el segundo año, llegó el turno de los documentales. Soy pésimo para los documentales, y además, para este punto ya comenzaba la presencialidad. Esto me agobió un poco ,es acá donde me llega otra frase que resonó en mí: “Existir en un espacio físico, no incide físicamente en un espacio no físico”. Un poco complicada, lo sé. Esta frase la escuche en uno de los viajes que tuve que hacer para realizar el documental, esta frase creo que me llegó en un buen momento, y me hizo reflexionar profundamente. Si mis dos primeros años fueron en virtualidad, y logrados con éxito, ¿por qué la modalidad presencial habría de ser un obstáculo? Mis logros no eran simplemente producto del formato virtual, sino de mis capacidades y esfuerzo. La frase me dio perspectiva, y aunque puede sonar complicada, se quedó grabada en mi memoria como una enseñanza importante, casi como una metáfora de la resistencia Dadaísta a las formas y estructuras establecidas.
Así que con la cabeza en alta al avanzar a un nuevo año llegué a una de las materias que más ilusión me hacía: “Escrituras Audiovisuales” Desde antes de inscribirme en la universidad, había querido cursarla, ya que la parte del guión es una de mis roles favoritos en la producción audiovisual. Durante esta materia, otra frase me dejó una gran enseñanza y hasta me rompió un poco fue :“Una idea puede tener muchas formas, y la primera forma que pensamos puede no ser la mejor”, es la forma complicada de “no te cases con la primera idea”. Esta idea, aunque difícil de aceptar en su momento, se convirtió en una gran lección para mí. Me ayudó a comprender que no es malo retocar o revisitar una idea inicial. A través del proceso de trabajar y pulir esa idea, vi su verdadero potencial. Esta frase se ha convertido en una especie de guía, permitiéndome ver que cualquier proyecto puede beneficiarse de revisión y experimentación. Un pensamiento que encierra lo que los Dadaístas defendían: la libertad de cambiar, de transformarse y de no temer al proceso caótico de la creación.
Y es acá donde llegamos a mi quinto año actual. El año en el que pensaba graduarme, pero descubrí que no sería posible por el momento. Evidentemente me agarro un gran bajón emocional y por ello comencé a asistir a terapia. Mi plan de querer graduarme en 5 años se había visto arruinado por completo, pero de mi psicóloga escuché la última frase, que, aunque sencilla, me hizo reflexionar: “No puedes aferrarte a los planes fallidos, tienes que idear nuevos”. Me di cuenta de que no podía seguir apegado a la idea de cómo debían haber sido las cosas. En lugar de deprimirme por lo que no sucedió, comprendí que debía enfocarme en lo que aún tengo por lograr. Me ha ayudado a enfocarme en trabajar para finalmente graduarme en el momento que me corresponda. Es aquí donde la filosofía Dadaísta, con su rechazo a la rigidez y su llamado al caos creativo, me inspira a adaptarme a lo que venga, a no cerrarme a los cambios.
Por esto que comparo mi transcurso por la universidad como si me cayera un rayo. Se ve como algo rápido, pero en su momento, shockeante, estresante, doloroso. Ahora, con algo de perspectiva, veo el aprendizaje detrás de cada golpe. Tal vez, si salgo de todo esto, salga más fuerte y con una historia que contar.
Nivel
ResponderEliminarLo enriquecería a la lectura, separarlo en párrafos así también podes armar un relato más
claro y el lector puede entender donde termina un concepto/idea y donde arranca otro.
Me gusta la descripción pero vincúlalo un poco más con la clase. Como llegaste a relacionar esa experiencia, con el punto que se menciono en clase. Así también no es tan descriptivo el suceso, y podes tener más preguntas.
Si queres enriquecerlo más, sumaría algo bibliográfico.