POKORSKI, Mijal - Clase 6

El viernes 20 no pude ir a clase pero mis compañeros me contaron sobre que fue: modos de pensar. Pensar en las distintas formas de pensamiento, y en cómo se manifiestan en mi vida diaria, es un ejercicio complejo. Si bien es difícil definir cuál prevalece más, puedo reconocer que mi manera de enfrentar cada situación está profundamente influenciada por un tejido de varias de estas formas. En mi caso, el pensamiento espacial ocupa un lugar central. Hay algo en la disposición de los espacios que me motiva y organiza. Recuerdo dónde empecé proyectos, y observar un lugar o estar inmerso en él quizás me genera una chispa que desencadena un proceso creativo. Algunos proyectos nacen de esa primera “chispa”, de algo pequeño y quizás inesperado que, con el tiempo y la perspectiva, adquiere un sentido diferente. Me di cuenta de que esta conexión con los espacios y la gente no solo influye en cómo organizo mis pensamientos, sino también en cómo se construyen día a día las ideas, sin forzar, sino permitiendo que crezcan de manera orgánica a partir de esa primera intuición.

En relación al pensamiento abstracto, me parece desafiante. Cuando comienzo a trabajar en una idea en un principio puede empezar como un concepto que no tiene una forma clara. Sin embargo, el proceso de diseño me permite ir dando forma a esa abstracción, llevándola poco a poco hacia lo concreto, a lo tangible. Es un camino fascinante, aunque difícil de describir. Cuando finalmente logro que una idea abstracta se materialice en algo tangible cómo una imágen o una pieza audiovisual me siento contenta especialmente cuando la obra no solo tiene una forma física, sino que también es capaz de mover a quienes la experimentan, generando sensaciones, pensamientos o reflexiones. Ese es, quizás, el mayor logro de un proceso de creación: cuando algo que nació en la mente puede transformarse en una obra que interactúa con el mundo exterior, provocando emociones y generando nuevas interpretaciones.

Otro aspecto que noto en mi práctica cotidiana es cómo el pensamiento manual y corporal también están presentes, aunque no de forma tan evidente. Por ejemplo, al trabajar en algo, mis manos se mueven casi instintivamente, como si el acto físico de crear fuese una extensión natural del pensamiento. Este vínculo entre cuerpo y mente es difícil de separar; está presente en la manera en que me predispongo al trabajar, en los gestos que hago al intentar resolver un problema, y en la interacción directa con los materiales. A veces, cuando la idea aún no está del todo clara, es a través del acto manual que comienzo a descubrirla. El hacer me lleva a pensar, y viceversa. El pensamiento rítmico/musical también juega un rol importante en mi vida. Lo noto tanto en términos de música como en la búsqueda de un ritmo interno que me permite avanzar poco a poco con los proyectos. Cuando logro encontrar ese ritmo, el trabajo avanza de manera natural, sin tantas fricciones. En mi proceso creativo, se refleja donde hay momentos en los que todo parece encajar y avanzar sin esfuerzo, y otros en los que me estanco. Identificar esos ritmos y aprender a trabajar con ellos es algo que sigo desarrollando día a día.


Comentarios

  1. A modo de aclaración, en esta clase habíamos visto, que los modos de pensar abstracto y concreto tienen el significado contrapuesto a lo que creemos que significan en la vida cotidiana. Según Breyer: el modo de pensar abstracto es el que delimita lógica, reglas, verdad, un abordaje científico. En cambio, el modo de pensar concreto es aquel que no es posible de medir, de ecualizar. En cuanto a tus reflexiones personales, siento que podrías profundizar muchísimo más; es como que queda escaso el relato en sí mismo. Por eso mi nota es: N- (nivel menos).

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